miércoles, 8 de julio de 2015

Carolina y el anciano

Allí estaba Carolina, sentada en el banco de madera junto al árbol del parque.
Sonriente, alegre, escuchando música con sus auriculares y viendo la gente pasar.
Era una chica guapa, alta para su edad y solía estar de buen humor.

Pero ese día escuchaba música triste. Quizá sólo una flauta travesera entonando las melodías más insulsas jamás escuchadas.
Pensaba.
Reflexionaba.
Volvía a pensar pero no sabía qué hacer.

De repente, con su mujer, caminaba el anciano del barrio.
Debía de tener unos setenta y pocos años pos su poco pelo y su mal humor era conocido en toda la comunidad.
Carolina vio allí su oportunidad de alegrarse el día.

Se acercó a él fingiendo un encuentro casual diciéndole un simple "Hola, buenos días".
El anciano arrugó el bigote, puso cara de no querer responder, le hizo una mueca despectiva y respondió con voz ronca "buenos días".

Carolina lo había conseguido.
Con educación había molestado a un hombre maleducado.
No pudo evitar soltar una carcajada discreta.

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